No lugares

Escrito por el 30 enero, 2012 § 0 comments

Hay pocos placeres intelectuales más gratificantes que la divagación, en el sentido de que exige que pongas muy poco de tu parte y, sin embargo, te lleva muy lejos, a veces hasta de forma provechosa. Es lo que le ocurrió al antropólogo parisino Marc Augé (1935). Comenzó fijándose en los lugares anodinos que cada vez abundan más en la sociedad moderna –autopistas, supermercados, palacios de congresos…–, les llamó no-lugares por su falta de identidad y acabó por desarrollar un fascinante teoría del ser humano.

Una de sus perlas: “La identidad se construye en el nivel individual a través de las experiencias y las relaciones con el otro”. Los no-lugares nos alienan, el resto, si hay voluntad, nos enriquecen. Ergo, “un grupo que se repliega sobre sí mismo y se cierra es un grupo moribundo”. Sigamos: “Es estúpida la idea de que la multiplicación de los contactos con el exterior es una amenaza contra la identidad, algo que se escucha a menudo. Creer esto presupone que hay una identidad desde siempre constituida así, y nunca fue el caso”.

¿Alguien no lo entiende? Pues por desgracia son legión. Se llaman nacionalistas y comulgan con la ideología que ha sido el verdadero pensamiento único en Occidente desde su nacimiento en el XIX; al capitalismo le gana por goleada. Siguen pensando, por ejemplo, que Estados Unidos triunfa por su defensa a ultranza de su yo nacional y nada que ver: lo hace por la protección de unos valores asentados en la integración. Precisamente, el país hace aguas cuando excluye, lo que además redunda en contra de sus principios fundacionales. En el siglo XIX tuvieron cabida en sus fronteras casi todo tipo de creencias y eso dinamizó la sociedad.

Por suerte, la explosión de los medios de comunicación en Internet ayuda a disipar este miedo al otro. La virtual “accesibilidad” de la Red nos da la opción de profundizar en los demás saltándonos las antiguas reglas de protocolo, siempre tan disuasorias. Aunque, claro, podemos caer en la trampa de no saber distinguir el medio del fin. Fascinados por la cultura de la imagen y convirtiendo la pantalla en un tótem, es posible que no veamos qué hay más allá, abocándonos, al final, a la soledad. La vida está plagada de delgadas líneas rojas.

De nuevo clarividente, Marc Augé da una receta: “Sólo intensificando la relación con los medios y con las imágenes se podrán controlar. Como ejemplo: si se les enseña a los niños a hacer películas, estarán menos alienados con la imagen, porque comprenderán que es algo que se fabrica. Hay que formarlos no como consumidores, sino como creadores. El nuevo humanismo es eso: formar a la gente para que controle los instrumentos. Formarlos para crear”.

Me lo apunto porque tengo dos niños muy pequeños. Sus comentarios acerca de la “sobremodernidad”, para otro post.

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