Larga vida a Leica

Escrito por el 4 diciembre, 2012 § 0 comments

Es sinónimo del mejor fotoperiodismo que se ha hecho nunca. Con una Leica se capturó a una joven vietnamita correr desnuda en medio de la calle y a Jimi Hendrix incendiar su guitarra, entre otras muchas instantáneas legendarias. Así, a pocas semanas de cumplirse los 100 años de la invención de la primera cámara, el prototipo Ur, el gran reto de esta marca alemana no es otro que mantenerse a la altura de su propio mito. Y parece que lo está consiguiendo, como lo demuestra que el pasado mayo, uno de los 25 modelos producidos en 1923 de la serie 0 alcanzara el récord mundial en subasta por venta de una cámara fotográfica, al pagarse por él 2,1 millones de euros.

Más indicios: en Hollywood enseñar una pequeña Leica cruzada en bandolera se ha convertido en un auténtico must entre sus estrellas, sepan o no cómo funcione. Tiene una Brad Pitt, quien convirtió en portada de revista una instantánea de su mujer. Y otra Jude Law, Miley Cyrus, Daniel Craig, Seal y, como no podía ser menos, Paris Hilton, que es más que probable que pertenezca al segundo grupo. A los del primero les sirve para probar que son más que una cara bonita. Con un mínimo de funciones automatizadas, la cámara de la que Henri Cartier-Bresson dijo que era “una extensión de su ojo” exige un alto nivel de conocimiento de los fundamentos del arte fotográfico.

Pero lo que ahora son alegrías en Leica, fue congojo hace muy poco. Celosa de su manera de hacer, dio tarde el salto digital y a punto estuvo de costarle la bancarrota en 2005. La conversa M8, lanzada al año siguiente, salvó los muebles, así como la confianza en la compañía en su posición de líderes del nicho pro. Como señaló su presidente, “si alguien quiere sacar a un niño en Ramala tirando una piedra, le vale cualquier cámara, pero si quiere contar toda la historia, explicando el por qué se lanza la piedra, entonces su elección será una Leica. Es una herramienta más íntima. Con ella puedes desarrollar tu propio estilo, tu propia caligrafía”.

El entusiasmo que suscitan las Leicas se puede explicar, no obstante, de forma menos prosaica. Ante todo, son máquinas hechas con precisión relojera, donde se acumulan asombrosos adelantos, como ser las primeras en usar la película de cine de 35 mm –lo que redujo ostensiblemente el tamaño de las cámaras– y en bajar la velocidad de obturación a un segundo. Pero sobre todo a esta marca se la reconoce por ser la gran abanderada del sistema telemétrico de doble objetivo, que permite ver un poco más allá del encuadre, con todas las ventajas compositivas que eso implica. Es el enfoque de la mítica serie M, la que más pasiones suscita entre los sibaritas de la fotografía y que hoy se acompaña de juguetonas compactas y de la serie S, usada en publicidad.

Otra diferencia fundamental con el resto es la aplicación de la máxima “menos es más” a sus modelos. Mientras que entre las marcas japonesas y sus imitadoras gusta epatar al consumidor con el mayor número de avances tecnológicos posibles, manejando una cámara de la serie M enseguida dejas de preocuparte de qué botón tocar para concentrarte en… sacar fotos. Si a eso unimos su sensibilísima óptica, el resultado es de máxima nitidez. Además, resultan ligeras y apenas hacen ruido al disparar, lo que se valora especialmente al entrar en territorio comanche.

No obstante, los cantos de sirena son siempre muy tentadores. Así, en la última M lanzada al mercado –que deja de llevar histórico apellido numérico– se incorpora vídeo HD. En realidad, nada que objetar. Pero para que no se diga, la pasada primavera Leica presentó una cámara, la M Monochrome, que ¡sólo saca fotos en blanco y negro! No, no es un acto de chulería. Su sensor, al no ver el color, recoge los verdaderos valores lumínicos de la escala de grises. Todo esto, claro, tiene un precio (la primera cuesta 6.500 euros sin objetivos; la segunda, 6.800 con uno de 35mm). No podía ser de otra forma. A cambio, una Leica tiene una longevidad muy por encima de las demás. Alguna incluso está a punto de cumplir los cien años.

Disparos de glamour

Leica derrocha un indudable glamour. Esto promovió el pasado año que la compañía, siendo alemana, entrara en el Comité Colbert, asociación creada como salvaguarda de la esencia artesana de las firmas francesas de lujo. Con Hermés, una de sus viejos miembros, llevaba ya produciendo desde 2003 ediciones limitadas. Presentada en septiembre en la feria germana Photokina, la última es la versión chic de la M9-P, cuyo precio sobrepasa los 5.000 euros sin lentes. Y siguiendo en esta línea muy a la moda, se acaba de iniciar una colaboración con el diseñador Paul Smith, que ha traído un colorido nunca visto a su carcasa.

*Este reportaje se publicó en noviembre de 2o12 en el suplemento Fuera de Serie, del periódico Expansión. Para obtener más información, http://bit.ly/S2rwIV

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *