Hecho a mano en Madrid

Escrito por el 13 mayo, 2012 § 0 comments

Será que volvemos a lo artesanal como reacción a la producción en masa y el consumo irresponsable o al contrario, que la artesanía venga a aumentar nuestro espectro de voraces consumidores. Será porque la crisis nos haya vuelto inventivos, se habla de artesanía ahora. Pero siempre ha estado ahí: la tradición es uno de sus pilares. Hemos hablado con nueve artesanos de Madrid muy diferentes para tomar el pulso a los oficios manuales.

¿Hay un resurgir de la artesanía?. Los chicos de Ciclos Noviciado cuestionan esta premisa. Dicen que quizá valoremos de nuevo los objetos bien hechos y duraderos. Una bicicleta es probablemente uno de los objetos más bellos que se puedan fabricar. Las suyas son esbeltas, esquemáticas y sólidas como un carácter tipográfico, pero con personalidades tan distintas como sus usuarios. No en vano las construyen a la medida y a gusto del ciclista, teniendo en cuenta sus necesidades reales. Desde los radios hasta el cuero del manillar. Les interesa mucho aprender y enseñar, por eso además dan clases de mecánica de bici y de construcción de ruedas. A ellos acuden personas mayores con cuadros de bicicletas que tenían guardados, les sorprende que haya de nuevo artesanos que los reparen. “¿Cómo se te ocurre hacer esto, hijo?”, preguntan con ilusión e incredulidad.

“Al castellano le cuesta salir de sus casillas, hay que sorprenderle”, coincide Óscar Sánchez Lozano. En la antesala de su fascinante tienda-taller se unen la inquietante intimidad del gabinete de curiosidades y el grafismo más barroco y colorista. Aquí exponen periódicamente obras relacionadas con el papel. Fuera del circuito galerístico, recalca Oscar que tiene muy claro cada aspecto de La Eriza –y siempre una historia que contar. Por ejemplo, de su meditada ausencia del ciberespacio. Nuestra labor es totalmente artesanal, por encargo y a medida. No nos vemos capaces de ofrece el mismo servicio por internet. Ni la posibilidad de mostrar la riqueza de los materiales con los que trabajamos. “Somos como un atelier de costura, por ahora no hacemos prêt-à-porter”.
Sus trabajos de encuadernación, restauración, cajas, estuches, ediciones limitadas y álbumes son excesivos y deliciosamente anacrónicos. Forrar tu libro de cabecera con un moaré de los años 20, no es necesario. Tan solo imprescindible.

Francisco Gálvez reconoce que la comercialización no es su fuerte. Aún así está satisfecho de vender sus piezas de cerámica en exclusiva en la selecta Tiempos Modernos. Francisco ha sabido llevar su amor por la pintura a sus piezas, contundentemente gráficas y falsamente clásicas. No en vano inició su carrera con un trabajo de investigación y recreación etnográfica (expuesta en el Museo Nacional de Antropología en 1998). En su pulcro estudio, que fue el taller de porcelana de su padre y donde recibe anualmente a alumnos en prácticas, prepara ahora una colección inspirada en los Delaunay que promete. Francisco se siente muy identificado con el término artesano, y no me extraña. Él encarna la humildad, tradición y dedicación que comporta la palabra. Descarta modestamente que haya artesanos mayores y menores y defiende que hay un lugar para todo. “Es cultural”, zanja.

Marre Moerel sin embargo no se considera artesana, “soy más bien diseñadora industrial”. De una versatilidad apabullante, su obra parte de formas naturales básicas (como sus lámparas de porcelana) pero también del object trouvé para hacer comentario social. El design language de Marre delata su origen. En el diseño contemporáneo holandés son herramientas comunes la ironía y la descontextualización. Ella los emplea con mucho éxito para tratar un tema español: la comida. “Es un bodegón español”, dice señalando su pieza más potente: una vasija en forma de intestino en porcelana, colgada de una cinta de cuero como si fuera un Cotán. La pieza forma parte de una vajilla con formas de casquería (corazón, hígado, pulmones, patas, ..). “A los españoles les espanta”, confiesa. Y es que a Marre Moerel le gusta también indagar en las diferencias culturales. Ha utilizado el gotelet en uno de sus proyectos de interiorismo. “Para mi es exótico”

En países donde la gente pasa más tiempo en su casa, es habitual rodearse de cosas bellas y duraderas. Todo en la tienda-taller de Helena Rohner sugiere esta hospitalidad propia y ajena.
Helena ha conseguido crear un universo propio trasladando esas formas –para las que las palabras orgánico o femenino se quedan cortas– a una gran variedad de objetos (joyas, vajilla, cerámica, lámparas, alfombras). Arrancándoles a todos la calidez con un sentido muy sofisticado del color, que muchos de sus compradores extranjeros identifican como español. También a base de coherencia. Sus objetos son reconocibles y al mismo tiempo encajan en la tradición de diseño escandinava. Todo un halago. Aunque colabora con diversas firmas internacionales de diseño, a Helena le preocupa la sostenibilidad e intenta siempre trabajar con artesanos y materiales madrileños.

En Peseta se sienten también comprometidos con la rica tradición textil madrileña. Aunque las telas de sus coloristas confecciones procedan de partes muy diversas del mundo y se vendan casi globalmente. El 25% de su facturación procede del mercado internacional.  Y es que Laura Martínez del Pozo, su fundadora, siempre ha tenido claro que muchos de los admiradores de su marca estaría fuera de España. Laura cosía vestidos para sus muñecas con su abuela. “Muy a lo loco, freestyle total” Luego empezó a hacer “cosinas” en tela que personalizaba bordando la palabra “peseta” y regalaba o vendía a sus amigos. Hoy, en su tienda taller, trabajan siete personas y son conocidas sus piezas para Marc Jacobs. Pero también ha colaborado con EastPack y hecho bolsas para eventos como Primavera Sound o la Berlinale. Además nos adelantan que colaborarán de nuevo con el New Museum de Nueva York. Laura dice que “hacer cosas es buenísimo para la cabeza”.

Pero no todo en artesanía es duradero. “Hacemos un bombón de jengibre fresco muy especial, también los naranjines y las rodajas de naranja confitada con chocolate o las cerezas maceradas en aguardiente y bañadas con chocolate negro” nos cuenta Teresa mientras salivamos masivamente. Sus creaciones han de ser efímeras. En una pequeña tienda del renovado barrio de Triball en Madrid, Teresa Yagüe fabrica y vende sus chocolates y bombones artesanales. También enseña a hacerlos. Cuatro generaciones de pasteleros  madrileños respaldan su trabajo. Por eso piensa que la artesanía siempre ha existido y ha sido respetada porque es cercana. Parece que quienes prueba los chocolates y bombones de la Bombonera de Barco, repiten.

Sí, la artesanía modifica completamente nuestras relaciones con lo que adquirimos. Implica al cliente en el proceso de creación. También al diseñador con el artesano en el proceso de producción.
Con estas premisas y otras de respeto al medio ambiente, Alberto y Andrea, provenientes del politécnico turinés, crearon la colección de muebles La Clínica. Acaban de terminar un magnífico trabajo de rediseño para las tiendas de la cadena italiana Max&Co. Ciszak Dalmas (sus apellidos maternos) es un estudio con sedes en Turín y Madrid. Su visión del diseño es refrescantemente amplia, no esta limitada a una disciplina y parte de una reflexión general sobre el mundo que nos rodea. Creen que la crisis empuja sobre todo a los jóvenes a buscar nuevas áreas pero sobre todo, nuevas formas de trabajo. Basadas en la colaboración, la diversificación, la flexibilidad, la sostenibilidad.

“Dentro de la situación económica en que nos encontramos la sociedad tiene que avanzar y explorar otros caminos. Uno de ellos es la artesanía que se había dejado de lado, en parte debido al auge que otros campos profesionales habían experimentado. Una generación muy preparada con estudios universitarios se ha visto frenada para ejercer en el ámbito en el que se han especializado estudiando durante años y eso hace que haya que buscar otras formas de prosperar…”. Es también la opinión de Alberto Sánchez Alarcón, de Calzados Franjul. La firma nació hace más de 60 años. Toda novia exigente conoce esta institución madrileña. Realizan zapatos de mujer por encargo. Sus clientas acuden a la tienda con sus bocetos y recortes o bien son asesoradas por un estilista en base a modelos y materiales de muestra. También realizan encargos para tiendas y diseñadores. Sus zapatos han trotado por Cibeles, Gaudí y la pasarela neoyorkina.

* Este artículo se publicó en la revista On Madrid el abril 2012.

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